Cuando un padre busca una actividad para su hijo, normalmente no está pensando únicamente en que aprenda a lanzar golpes, patear o defenderse. En realidad, busca algo mucho más importante: que crezca saludable, gane confianza, aprenda disciplina, controle mejor sus emociones y sepa desenvolverse con seguridad.

Las artes marciales para niños pueden contribuir a todos estos aspectos cuando se enseñan mediante un programa adecuado para su edad, con profesores responsables y sin obligarlos a combatir.

A. 12 beneficios de las artes marciales para los niños

A diferencia de otras actividades físicas, disciplinas como el boxeo, el Muay Thai y las artes marciales mixtas combinan movimiento, coordinación, atención, reglas, convivencia y superación personal. El niño no solo ejercita su cuerpo: también aprende a escuchar, esperar, perseverar, respetar límites y actuar con mayor autocontrol.

La respuesta corta, por tanto, es la siguiente:

Las artes marciales son beneficiosas para los niños porque favorecen su desarrollo físico, emocional y social dentro de una actividad estructurada, motivadora y progresiva.

Sin embargo, estos beneficios no aparecen automáticamente por matricular al niño. Dependen de la calidad de la enseñanza, la regularidad del entrenamiento y, sobre todo, de que el programa priorice su bienestar por encima de la competencia.

  1. Favorecen un desarrollo físico más completo

Durante una clase de artes marciales, el niño corre, salta, se desplaza, cambia de dirección, mantiene diferentes posturas y coordina movimientos de brazos y piernas. Todo esto exige que varias capacidades físicas trabajen al mismo tiempo.

La evidencia científica disponible es especialmente consistente en este punto. Una revisión sistemática sobre los efectos de las artes marciales en niños analizó 16 estudios con un total de 1,615 participantes. Los programas estudiados mostraron mejoras en distintas capacidades, especialmente:

  • Coordinación.
  • Equilibrio.
  • Agilidad.
  • Velocidad.
  • Fuerza.
  • Flexibilidad.
  • Resistencia cardiorrespiratoria.

Esto significa que las artes marciales pueden ayudar al niño a moverse con mayor control y seguridad, no solamente durante el entrenamiento, sino también al correr, jugar, subir escaleras o participar en otras actividades deportivas.

Además, el aprendizaje técnico obliga a ejecutar movimientos de ambos lados del cuerpo. El niño necesita coordinar lo que observa con lo que hacen sus manos, sus pies y el resto de su cuerpo. Esta combinación estimula la conciencia corporal y el dominio progresivo del movimiento.

No es necesario que el niño sea fuerte, rápido o coordinado antes de comenzar. Precisamente, el entrenamiento está destinado a desarrollar esas capacidades poco a poco.

  1. Ayudan a combatir el sedentarismo de una manera entretenida

Actualmente, muchos niños pasan una parte considerable del día sentados frente a una pantalla. Por eso, no basta con decirles que necesitan hacer ejercicio: es necesario encontrar una actividad que les resulte atractiva y que quieran repetir.

La Organización Mundial de la Salud señala que la actividad física durante la infancia favorece la salud de los huesos, el crecimiento muscular, la condición física y el desarrollo motor y cognitivo. Para los niños y adolescentes de 5 a 17 años recomienda un promedio de al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada o intensa a lo largo de la semana.

Las clases de artes marciales pueden contribuir de manera importante a ese objetivo porque combinan ejercicio con juegos, retos y aprendizaje. El niño no siente necesariamente que está realizando una rutina repetitiva: está aprendiendo una técnica nueva, completando un circuito o intentando superar una meta.

Cuando el ejercicio se convierte en una experiencia entretenida, es más probable que se transforme en un hábito.

  1. Desarrollan coordinación, equilibrio y conciencia corporal

Un niño necesita aprender a controlar su cuerpo antes de intentar controlar una técnica marcial. Por esa razón, un buen programa infantil comienza con actividades básicas:

  • Mantener una postura estable.
  • Desplazarse sin cruzar los pies.
  • Cambiar de dirección.
  • Coordinar manos y piernas.
  • Reaccionar ante una señal.
  • Frenar un movimiento cuando el profesor lo indica.
  • Mantener el equilibrio mientras ejecuta una técnica.

Estos ejercicios pueden parecer sencillos, pero constituyen una parte importante del desarrollo motor.

En el boxeo, por ejemplo, el niño aprende a coordinar la mirada, los desplazamientos y los movimientos de las manos. En el Muay Thai incorpora también el uso controlado de piernas y rodillas. En las artes marciales mixtas desarrolla movimientos de pie y de suelo, siempre adaptados a su edad.

El objetivo infantil no debe ser ejecutar técnicas con máxima potencia. Lo importante es que aprenda a moverse correctamente, comprender su cuerpo y progresar sin apresurarse.

  1. Entrenan la atención y la capacidad de seguir instrucciones

Una clase de artes marciales exige que el niño observe, escuche y actúe en un orden determinado. Primero debe prestar atención a la explicación; después, recordar el movimiento y finalmente intentar reproducirlo.

Este proceso activa habilidades relacionadas con la atención y las llamadas funciones ejecutivas, entre ellas:

  • Controlar impulsos.
  • Recordar instrucciones.
  • Cambiar de una tarea a otra.
  • Corregir errores.
  • Mantener la concentración.
  • Completar una secuencia de movimientos.

Algunas investigaciones han encontrado mejoras en procesos como la inhibición, la flexibilidad cognitiva y la velocidad de procesamiento después de intervenciones basadas en artes marciales. No significa que entrenar garantice mejores calificaciones ni que sustituya el apoyo educativo, pero sí puede ofrecer un entorno práctico donde el niño ejercite la atención y el control de su conducta.

En una clase, el niño aprende que no puede actuar únicamente cuando quiere. Debe escuchar la indicación, esperar el momento adecuado y detenerse cuando se lo piden. Esa capacidad puede trasladarse gradualmente a otros contextos, como el colegio y el hogar.

  1. Enseñan disciplina mediante pequeños hábitos

La disciplina infantil no debería construirse mediante el miedo ni los gritos. Se desarrolla mejor cuando el niño comprende qué debe hacer, repite una conducta y experimenta las consecuencias positivas de su esfuerzo.

Las artes marciales proporcionan una estructura muy clara:

  • Llegar puntualmente.
  • Saludar.
  • Escuchar al profesor.
  • Respetar el turno.
  • Practicar una técnica.
  • Aceptar correcciones.
  • Volver a intentarlo.
  • Cuidar los materiales.
  • Despedirse con respeto.

Cuando estos comportamientos se repiten, el niño empieza a incorporarlos como hábitos.

La disciplina deja de ser una orden abstracta y se convierte en una experiencia concreta: si presta atención, mejora; si practica, avanza; si es constante, alcanza una nueva meta.

Esta es una de las enseñanzas más valiosas de las artes marciales: el progreso no depende únicamente del talento, sino también de la constancia.

  1. Favorecen el autocontrol y la gestión de emociones

Los niños todavía están aprendiendo a reconocer y regular lo que sienten. Es normal que experimenten frustración, miedo, enojo, vergüenza o impaciencia y que, en ocasiones, no sepan cómo expresarlo.

En las artes marciales pueden experimentar esas emociones dentro de un espacio controlado.

Una técnica no siempre sale al primer intento. A veces deberán repetirla, aceptar una corrección o ver que otro compañero avanza más rápido. Esas situaciones les permiten practicar respuestas más saludables:

  • Respirar y volver a intentarlo.
  • Pedir ayuda.
  • Escuchar una corrección sin interpretarla como un ataque.
  • Controlar la fuerza.
  • Esperar su turno.
  • Reconocer que equivocarse forma parte del aprendizaje.

La investigación sobre los efectos psicológicos de las artes marciales muestra resultados prometedores en bienestar y resiliencia, aunque los efectos varían según el programa y no deben exagerarse. Un ensayo controlado sobre una intervención basada en artes marciales encontró resultados positivos en el desarrollo de la resiliencia de los estudiantes.

Esto no convierte a las artes marciales en una terapia psicológica. Sin embargo, sí pueden ser un excelente espacio educativo para practicar autocontrol, tolerancia a la frustración y perseverancia.

  1. Fortalecen la confianza y la autoestima de una manera realista

La confianza más sólida no nace simplemente de repetirle a un niño que es el mejor. Aparece cuando descubre, mediante la experiencia, que puede aprender algo que antes no sabía hacer.

En una clase de artes marciales, el progreso se puede observar:

  • Al principio no podía mantener correctamente la postura.
  • Después aprendió a desplazarse.
  • Más adelante logró coordinar una combinación.
  • Finalmente pudo ejecutarla con seguridad y control.

Cada pequeño avance le demuestra que el esfuerzo produce resultados.

Por eso, las artes marciales pueden ser especialmente valiosas para niños tímidos, inseguros o que sienten que “no son buenos para los deportes”. No tienen que compararse constantemente con los demás. Pueden concentrarse en superar su propio punto de partida.

La autoestima que se construye de esta manera es más saludable porque no depende solo de elogios externos: se apoya en capacidades que el niño ha desarrollado realmente.

También es importante que el profesor corrija sin humillar. Una enseñanza basada en burlas, miedo o comparaciones puede producir el efecto contrario. La exigencia debe ir acompañada de respeto, paciencia y objetivos adecuados para cada niño.

  1. Enseñan respeto, responsabilidad y convivencia

Las artes marciales implican trabajar con otras personas. El compañero no es un enemigo: es alguien que permite practicar, aprender y mejorar.

El niño debe entender que tiene una responsabilidad sobre el bienestar de los demás. Por eso aprende a:

  • Regular la intensidad de sus movimientos.
  • Detenerse cuando se lo indican.
  • Respetar a compañeros de diferentes niveles.
  • No burlarse de quien está aprendiendo.
  • Reconocer el esfuerzo del otro.
  • Cumplir las reglas de seguridad.
  • Usar lo aprendido con responsabilidad.

El respeto no debería reducirse a obedecer al profesor. También significa cuidar al compañero, aceptar límites y comprender que la habilidad física jamás da derecho a intimidar a otra persona.

En una academia con valores claros, el niño aprende que tener capacidad para golpear no significa tener permiso para hacerlo. El verdadero dominio comienza por saber controlarse.

  1. Pueden mejorar sus habilidades sociales y el sentido de pertenencia

No todos los niños disfrutan de los deportes colectivos tradicionales. Algunos se sienten incómodos porque temen fallarle al equipo o porque todavía no tienen suficientes habilidades para integrarse.

Las artes marciales ofrecen una combinación interesante: el progreso es personal, pero el aprendizaje se realiza en grupo.

El niño puede avanzar a su propio ritmo mientras comparte la clase con otros compañeros. Durante los ejercicios aprende a saludar, colaborar, respetar turnos, animar a los demás y pedir ayuda.

Con el tiempo, la academia puede convertirse en una comunidad donde el niño se siente reconocido y aceptado.

Esto puede ser especialmente positivo para niños tímidos. No es necesario obligarlos a hablar o exponerse inmediatamente. Muchas veces, la interacción aparece de manera natural mientras practican un ejercicio en pareja o participan en un juego dirigido.

  1. Desarrollan perseverancia y tolerancia a la frustración

Aprender una técnica requiere repetirla. Algunas veces el niño se equivocará, perderá el equilibrio o no recordará toda la secuencia.

En lugar de evitar completamente la frustración, las artes marciales pueden enseñarle a enfrentarla de manera gradual y segura.

El mensaje debe ser:

“Todavía no te sale, pero puedes aprenderlo”.

Esa palabra —todavía— cambia la manera de interpretar la dificultad. El error deja de significar “no puedo” y comienza a significar “necesito practicar más”.

Cuando un niño comprende que el progreso es gradual, desarrolla una actitud más paciente frente a otros desafíos. Aprende que no todo será inmediato y que abandonar ante la primera dificultad le impediría descubrir de qué es capaz.

  1. Proporcionan conocimientos básicos de defensa personal

La defensa personal infantil no debería consistir únicamente en enseñar técnicas físicas. Su primera finalidad debe ser ayudar al niño a reconocer riesgos y tomar buenas decisiones.

Un programa responsable puede enseñarle a:

  • Identificar una situación peligrosa.
  • Mantener una distancia prudente.
  • Usar la voz para pedir que se detengan.
  • Alejarse cuando sea posible.
  • Buscar a un adulto responsable.
  • Pedir ayuda.
  • Protegerse físicamente solo cuando resulte necesario.

La mejor defensa no siempre es golpear. Muchas veces consiste en detectar el peligro, evitarlo y pedir ayuda rápidamente.

Aprender algunas herramientas físicas puede aumentar la seguridad del niño, pero también debe enseñársele que no es invencible. No debe buscar enfrentamientos ni intentar resolver solo una situación que requiere la intervención de adultos.

  1. Pueden ayudar frente al bullying, pero no son una solución aislada

Las artes marciales pueden proporcionar confianza, postura corporal, habilidades sociales y recursos básicos de autoprotección. Esto puede hacer que algunos niños se sientan menos indefensos.

Sin embargo, sería irresponsable afirmar que aprender a pelear resuelve automáticamente el bullying.

El acoso escolar es un problema que requiere la participación de padres, profesores y autoridades del colegio. La responsabilidad nunca debe recaer exclusivamente sobre el niño agredido.

Las artes marciales pueden formar parte de una estrategia más amplia porque ayudan al niño a:

  • Comunicar con mayor firmeza que una conducta debe detenerse.
  • Proteger su espacio personal.
  • Alejarse y buscar ayuda.
  • Recuperar confianza.
  • Sentirse acompañado por una comunidad.
  • Diferenciar entre defenderse y vengarse.

Un buen profesor también debe enseñar que utilizar una técnica para intimidar, humillar o agredir a otro niño contradice los valores de las artes marciales.

B. ¿Practicar artes marciales vuelve agresivos a los niños?

Esta es una de las preocupaciones más frecuentes de los padres.

La respuesta más honesta es que las artes marciales no vuelven automáticamente agresivo ni pacífico a un niño. El resultado depende, en gran medida, del entorno y de lo que el profesor refuerza durante las clases.

Una revisión sobre artes marciales y salud mental encontró que el entrenamiento no produjo un incremento general de la agresividad, aunque tampoco debe afirmarse que cualquier programa necesariamente la reducirá.

Una enseñanza adecuada insiste constantemente en tres principios:

  • La técnica se utiliza solamente dentro del entrenamiento o ante una verdadera necesidad de protección.
  • La fuerza siempre debe estar bajo control.
  • Evitar un enfrentamiento es preferible a demostrar superioridad.

Por el contrario, una academia que glorifique la violencia, humille a los alumnos o permita contactos descontrolados no es apropiada para niños, independientemente de la disciplina que enseñe.

El factor decisivo no es únicamente el nombre del deporte. Es la cultura de la academia.

C. ¿Son seguras las artes marciales para los niños?

Ninguna actividad física está completamente libre de riesgo. Los niños también pueden lesionarse jugando fútbol, montando bicicleta, corriendo o utilizando juegos infantiles.

En las artes marciales, el riesgo depende de factores como:

  • La modalidad practicada.
  • La edad del niño.
  • La intensidad del contacto.
  • La preparación del profesor.
  • Las reglas de la academia.
  • El uso apropiado de protectores.
  • La calidad y el mantenimiento del espacio.
  • La participación recreativa o competitiva.

Un estudio sobre lesiones pediátricas relacionadas con artes marciales encontró que las competencias presentaban un riesgo mayor de lesiones en cabeza y cuello que las clases formales. La Academia Estadounidense de Pediatría también distingue entre la enseñanza básica sin contacto —de menor riesgo relativo— y las modalidades con contacto o competencia.

Por eso, un programa infantil responsable debe:

  • Adaptar los ejercicios a la edad.
  • Enseñar primero la técnica y el control.
  • Evitar golpes innecesarios en la cabeza.
  • No obligar al niño a realizar sparring.
  • Formar parejas según edad, tamaño y experiencia.
  • Supervisar permanentemente la clase.
  • Detener el ejercicio cuando se pierde el control.
  • Mantener el espacio y los implementos en buenas condiciones.
  • Respetar los antecedentes médicos del alumno.

El niño puede obtener beneficios físicos y educativos sin tener que recibir golpes ni participar en competencias.

D. ¿Cuál es la mejor edad para comenzar?

No existe una única edad perfecta para todos los niños. La preparación depende de su desarrollo, capacidad para seguir instrucciones y características personales.

Como orientación general:

  • De 5 a 6 años: Las clases deberían concentrarse en juegos, equilibrio, coordinación, lateralidad, respeto de turnos e instrucciones sencillas. Las actividades deben ser breves, variadas y sin contacto fuerte.
  • De 7 a 8 años: El niño suele estar preparado para aprender posturas, desplazamientos, técnicas básicas y secuencias más organizadas. También puede comprender mejor las reglas y las responsabilidades hacia sus compañeros.
  • De 9 a 11 años: Puede trabajar combinaciones más complejas, estrategias básicas y ejercicios que requieren mayor concentración. La exigencia debe seguir siendo progresiva y no debe confundirse madurez técnica con preparación para contactos intensos.

La edad por sí sola no determina lo que un niño debe hacer. Dos alumnos de la misma edad pueden tener necesidades y ritmos de aprendizaje diferentes.

E. ¿Qué arte marcial o deporte de contacto es mejor para un niño?

No existe una disciplina universalmente superior. La mejor elección depende de la personalidad del niño, sus intereses, el método de enseñanza y la calidad del profesor. Estas disciplinas enseñamos en Peru Fight Academy Norte:

  • Boxeo para niños: Desarrolla coordinación entre manos y pies, velocidad de reacción, desplazamientos, condición física y concentración. En un programa recreativo infantil debe priorizarse la técnica, el juego y el control, sin obligar al niño a combatir.
  • Muay Thai para niños: Incorpora movimientos de brazos y piernas, lo que puede proporcionar un trabajo corporal muy completo. Debe enseñarse mediante progresiones adaptadas y evitando el contacto innecesario.
  • Artes marciales mixtas para niños: Combinan movimientos de pie y de suelo. Pueden desarrollar conciencia corporal, coordinación y capacidad para resolver diferentes situaciones motrices. La enseñanza infantil debe estar cuidadosamente estructurada y separada de la imagen del MMA profesional.

Más importante que elegir entre boxeo, Muay Thai o MMA es encontrar una academia donde el niño esté seguro, disfrute, sea tratado con respeto y tenga deseos de regresar.

F. ¿Cuántas veces por semana debería entrenar un niño?

Para comenzar, dos o tres sesiones semanales suelen ser suficientes. Esta frecuencia permite que el niño practique con regularidad sin convertir la actividad en una carga.

La duración y la exigencia deben adaptarse a la edad. Los niños pequeños necesitan clases más cortas y dinámicas; los mayores pueden mantener la atención durante periodos más largos.

También es importante conservar tiempo para jugar libremente, descansar, estudiar y compartir con la familia. Entrenar más no siempre significa aprender mejor.

La señal más importante es que el niño se encuentre saludable, tenga energía y espere la siguiente clase con entusiasmo, no con miedo o agotamiento.

G. ¿Cómo elegir una buena academia de artes marciales para niños?

Antes de matricular a tu hijo, observa una clase y presta atención a los siguientes aspectos:

  1. Las clases están separadas o adaptadas por edades: Un niño pequeño no debería recibir exactamente la misma enseñanza ni la misma exigencia que un adolescente o un adulto.
  2. El profesor sabe enseñar a niños: Ser un buen peleador no convierte automáticamente a una persona en un buen educador. El profesor debe comunicarse con claridad, tener paciencia y corregir sin humillar.
  3. La seguridad se encuentra por encima de la competencia: Pregunta si el contacto es obligatorio, cómo se forman las parejas y qué medidas utilizan para prevenir lesiones.
  4. Existen reglas claras de comportamiento: Los niños deben saber qué conductas se esperan y cuáles no serán permitidas.
  5. El ambiente es respetuoso: Observa cómo se tratan los profesores, alumnos y padres. La cultura de la academia influye tanto como la técnica.
  6. El niño puede progresar a su propio ritmo: No debería ser presionado para competir, combatir o realizar ejercicios para los que todavía no está preparado.
  7. El programa enseña valores mediante acciones: Las palabras “respeto” y “disciplina” deberían reflejarse en la manera en que se desarrolla cada clase.

H. ¿Cuándo debería consultarse con un profesional de la salud?

Si el niño presenta una enfermedad cardíaca, dificultad respiratoria, lesión previa, problemas neurológicos u otra condición médica relevante, es recomendable consultar con su pediatra antes de iniciar una actividad deportiva.

Asimismo, las artes marciales pueden complementar el desarrollo de niños con dificultades de atención, ansiedad o problemas de conducta, pero no reemplazan una evaluación ni un tratamiento profesional cuando son necesarios.

El profesor debe conocer cualquier condición importante para poder adaptar los ejercicios y actuar responsablemente.

I. Los beneficios no aparecen de un día para otro

Algunos padres observan rápidamente que sus hijos regresan de las clases más relajados o entusiasmados. Otros cambios, como la disciplina, la confianza o el autocontrol, necesitan más tiempo.

No todos los niños progresan igual. Uno puede mejorar primero físicamente; otro puede tardar más en dominar las técnicas, pero comenzar a relacionarse con mayor seguridad.

Lo más conveniente es observar tendencias y no esperar una transformación inmediata.

Después de algunas semanas o meses, los padres pueden preguntarse:

  • ¿Asiste con entusiasmo?
  • ¿Tolera mejor las correcciones?
  • ¿Se muestra más seguro?
  • ¿Respeta mejor los turnos?
  • ¿Ha mejorado su coordinación?
  • ¿Persevera más cuando algo resulta difícil?
  • ¿Habla positivamente de sus profesores y compañeros?

Esas pequeñas conductas suelen ser indicadores más importantes que aprender rápidamente una gran cantidad de técnicas.

Conoce nuestros horarios

Dividimos las clases por bloques de edades y disciplinas, las edades van desde los 5 años hasta los 11 años.

KIDS 0 — Niños de 5 a 6 años

Duración de cada clase: 30 minutos.

DisciplinaDíasHora
Muay ThaiLunes y miércoles4:00 p. m.
MMAMartes y jueves4:00 p. m.
BoxeoSábados3:30 p. m.

KIDS 1 — Niños de 7 a 8 años

Duración de cada clase: 30 minutos.

DisciplinaDíasHora
Muay ThaiLunes y miércoles4:30 p. m.
MMALunes y miércoles5:00 p. m.
BoxeoMartes y jueves4:30 p. m.
BoxeoSábados4:00 p. m.

KIDS 2 — Niños de 9 a 11 años

Duración de cada clase: 40 minutos.

DisciplinaDíasHora
Muay ThaiLunes, miércoles y viernes4:30 p. m.
MMALunes, miércoles y viernes5:15 p. m.
BoxeoMartes y jueves5:00 p. m.
BoxeoSábados3:30 p. m.

Conclusión: mucho más que aprender a pelear

Las artes marciales pueden ofrecer a los niños una combinación especialmente valiosa de actividad física, aprendizaje, convivencia y formación personal.

Bien enseñadas, pueden ayudarles a desarrollar:

  • Un cuerpo más activo y coordinado.
  • Mayor confianza en sus capacidades.
  • Disciplina y constancia.
  • Respeto por los demás.
  • Autocontrol frente a la frustración.
  • Habilidades sociales.
  • Recursos básicos de autoprotección.
  • Una relación positiva con el ejercicio.

Pero su mayor enseñanza quizá sea otra: descubrir que pueden mejorar con paciencia, práctica y esfuerzo.

El verdadero propósito de las artes marciales infantiles no es formar niños agresivos ni pequeños peleadores. Es ayudar a formar personas saludables, seguras, respetuosas y capaces de controlar tanto su cuerpo como sus decisiones.

Artes marciales para niños en Perú Fight Academy Norte

En Perú Fight Academy Norte creemos que las artes marciales deben estar al alcance de todos los niños, no solamente de quienes desean competir.

Nuestros programas infantiles de boxeo, Muay Thai y MMA están organizados de acuerdo con la edad y la etapa de desarrollo de cada alumno. La enseñanza comienza desde lo más básico y prioriza la coordinación, la seguridad, la disciplina, el respeto y la confianza.

El niño no necesita tener experiencia, ser atlético ni saber defenderse antes de comenzar. Tampoco tiene que participar en combates para aprender y disfrutar de los beneficios del entrenamiento.

Nuestro objetivo es que encuentre un espacio donde pueda moverse, hacer amigos, desarrollar hábitos positivos y descubrir de qué es capaz.

Una clase puede enseñarle una técnica. La constancia puede enseñarle a confiar en sí mismo durante toda la vida.

Asiste a ver una clase y permite que tu hijo conozca las artes marciales dentro de un ambiente seguro, progresivo y motivador.

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